¿Y AHORA QUE? TU DECIDES

por Maya Valle

Pasaron las Navidades y mi vida sigue su curso enmarcando mis pasos en el mundo cotidiano que todos compartimos.  Reviso mis ideas y convicciones de lo que es vivir buscando en los incidentes del día a día una dimensión espiritual.  Los efectos de esta manera de caminar me brindan la capacidad de ilusionarme con cosas sencillas que me permiten disfrutar cada momento como si fuera el último, de insistir cuando realmente deseo algo y de que permanezca en mí el valor de no rendirme ante los llamados imposibles.  Para lograrlo me propongo continuar en el juego de la vida con muchas ganas, energías e ilusión.

A pesar de que este año se nos presenta difícil y sombrío no perderé mi fe, recobraré la ilusión de que todo puede mejorar.  El mundo, por insoportable que nos parezca un día, tiene la capacidad para recuperar al siguiente día hasta el último de sus encantos.  Hay que mirar a nuestro país en ese espejo, para reconocerlo en su gran horizonte.  Ver el territorio de otros para sopesar nuestras  posibilidades.  Siempre hay razones y ocasiones para poner en práctica la fe y la paciencia.  Así digo mientras vivo y rezo.  Disfruto el presente, lo que tengo ahora.  Abrazo lo que trae cada momento y lo bendigo aunque de repente no lo entienda, porque la vida, queridos lectores, se mueve con su propia agenda.

En lo que a mi respecta, me ha costado mucho esfuerzo llegar donde estoy y quiero gozarme mis triunfos opacando los llamados fracasos de mi ignorancia.  Cada día me convenzo más que, al final, después de alivianar las cargas, lo único que queda es el amor y el valor para seguir adelante.

De repente y sin darme cuenta, llegó febrero, dejando atrás el lechón, el pernil y los pasteles para disfrutar de los chocolates que tanto engordan y que tanto me encantan, especialmente si son de chocolate oscuro rellenos de menta.  Además de chocolates y peluches  febrero se distingue por ser el mes del amor y la amistad.  Amor y amistad:  palabras con luz.

El amor, según mi historia, es algo muy difícil de definir, pero que todos queremos vivir.  Como no sabemos lo que es ni de donde viene, nos pasamos buscándolo dondequiera y comoquiera, esperando que la llegada de ese “amor” nos libere de todo aquello que no nos “hace feliz.”  Mi interés es que hablemos de una nueva ética del amor.  Saber que nuestra identidad se construye, principalmente, a partir de nuestras historias de amor.  Sean éstas las más lejanas y arcaicas, esto es, las que están allá lejos en nuestra primera infancia, o las más sofisticadas de nuestra adultez.  “Amaos los unos a los otros” es un discurso muy antiguo que no se puede generar sino a partir de un proyecto amoroso distinto.  Esto quiere decir un proyecto que transforme el amor, o más bien el hecho de amar, en un acto civilizado y curativo.  Pues como leí en algún lugar, “el amor todo lo cura.”  Sí, yo creo que el amor es la locura más curativa del mundo.  Es incluso la única locura curativa.  Pero no cualquier amor.  No ese “amor” que nos venden la mayoría de los discursos donde el final se confunde con el amor a las cosas y al poder.  Ese “amor” intolerante, posesivo, enfermizo, violento, de chantajes y mentiras, de la mayoría de nuestras telenovelas, de nuestras sociedades conyugales, de nuestros llamados líderes.  Ese “amor” donde insultarse, pisotearse, traicionarse, es el ejemplo máximo de la cordura y el poder cotidiano.

Yo siento que el amor no se busca, el amor está ahí siempre y la realización llega a veces por la ruta menos transitada.  No tengo que mirar al cielo para buscar la explicación del amor.  Tampoco para curarme de un desamor.  Lo importante es acercarme al amor con una dosis de responsabilidad individual queriendo siempre lo mejor para mi vida.  “Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”  Para amar no tengo que renunciar a lo que soy.  Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflicto de intereses.  Como lo escribí en mi libro Una Nueva Piel:  Mirándome en ti encuentro infinitas respuestas a lo que soy.   Te quiero, porque me quiero a mí misma.

Además del amor, febrero es el mes de la amistad.  En homenaje a mis amigos de La Esfera Dorada, decidí escribir esta parte con un resumen de las respuestas que cada un@ me compartió  de su filosofía sobre la amistad.  Todos fueron fuentes ricas en ideas y pistas para valorar lo que es ser un verdadero amigo, un amigo comprometido no solo con la aventura personal o de grupo sino con los compromisos que nos depara la vida:  “La amistad exige el fiel sentimiento de la sinceridad, la solidaridad, la comunicación sin trampas ni exigencias, la entrega mutua sin egoísmos, la preocupación por el otro, la confianza sin límites, la paciencia, el respeto a las ideas, aceptar la forma de vida del amigo, el saber escuchar, saber perdonar, el ser fiel a la amistad aunque esté lejos o haya pasado mucho tiempo. La amistad no origina simpatía hacia la persona sino empatía: capacidad para comprender y compartir alegrías y tristezas.  Un proverbio con el que estoy de acuerdo es el siguiente:   “El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.”

En resumen, con el amigo existen dos componentes importantes: confiar y compartir desde tus proyectos, problemas, inquietudes, sueños y los llamados fracasos.  Todo lo anterior se aprende desde la infancia hasta la edad adulta, pasando por el joven adolescente, que es la etapa donde su medio social y los apoyos de amistad encuentran una gran liberación en muchas ocasiones en su confusión mental y emocional.  La amistad es la base de todas las relaciones.”

Finalizo este artículo con un fragmento escrito por Carlos Fuentes,  autor mejicano, en su libro En esto creo:  “Que la amistad se cosecha porque se cultiva. Que nadie hace amigos sin hacer enemigos, pero que ningún enemigo alcanzará jamás la altura de un amigo.  Que la amistad es una forma de la discreción: no admite la maledicencia que maldice al que la dice, ni el chisme que todo lo convierte en basura.  Que la amistad para ser cercana, nos enseña el camino del respeto y de la distancia.  Aunque la amistad autoriza a amar y detestar las mimas cosas.”

¿Qué significa la vida, el amor y amistad para ti?…  Tú decides.

Maya Valle es reconocida por sus ejecutorias en el campo radial y televisivo.  Coach, conferenciante y columnista.  Procura su nuevo libro Una Nueva Piel, un libro que cambiará tu vida.  Entra en su pagina MayaVallespeaker.com.  Para más información y conferencias llamar a Ana al (787) 214-0024

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