Un nuevo año, una nueva vida. Cada vida, una historia…

 por Maya Valle

 Maya-Valle-2008

Comenzamos un nuevo año como un capítulo de un libro, esperando ser escrito. Escarba dentro de ti y descubre lo que te gustaría que pasara este año en tu vida. ¿Qué quisieras hacer y qué quieres lograr? ¿De cuáles obstáculos te gustaría deshacerte? ¿Qué te gustaría que sucediera en el renglón de la amistad y del amor? ¿Qué te gustaría que sucediera en tu vida familiar, en tu trabajo?

 Ciertamente ocurren cosas que están fuera de nuestro control. A veces son gratas sorpresas; otras, de naturaleza distinta. Sin embargo, todas ellas forman parte del capítulo en el que este año se convertirá tu vida y que añadirá una página más a tu historia. Todas las vidas pueden contarse como una historia y cada uno de nosotros es el protagonista de su propia leyenda. Al escribir estas páginas tengo dudas del giro que tomará mi vida este año en el que estreno mis setenta. Los años pasan muy rápido y en este momento prefiero mirarme con el filtro compasivo de la costumbre, sin fijarme mucho en lo que los demás esperan de mí, ni preocuparme si es karma o destino. Creer en el destino ya es bastante limitante, pero el karma es mucho peor, porque se remonta a mil vidas anteriores y a veces uno tiene que cargar también con las andanzas de los antepasados. Muchos aseguran que el destino se puede cambiar, pero para limpiar el karma se requiere toda una vida, y tal vez eso no es suficiente. Neale Donald Walsch en su libro Conversaciones con Dios dice: “No juzgues, pues, el camino kármico que recorre otra persona.  No envidies su éxito, no compadezcas su fracaso, puesto que no sabes qué es éxito y qué es fracaso en los cálculos del alma. No llames a algo calamidad, ni feliz acontecimiento, hasta que decidas o compruebes cómo es utilizado ya que ¿es una calamidad la muerte de uno si con ello salva la vida de miles? ¿Y es una vida un feliz acontecimiento cuando esta solo ha provocado dolor? Sin embargo, aunque no juzgues, mantén siempre tu propio criterio y deja que los demás sigan el suyo”. Por otro lado, dicen los budistas que la vida es un río que navegamos en una balsa hacia el destino final. El río tiene su corriente, velocidad, escollos, remolinos y otros obstáculos que no podemos controlar, pero contamos con un remo para dirigir la embarcación sobre el agua.  De nuestra destreza depende la calidad del viaje, pero el curso no puede cambiarse porque el río desemboca siempre en su muerte. ¿A quién creerle? No sé, creo que a mí misma. A veces no hay más remedio que abandonarse a la corriente y eso, queridos amigos, es algo que, todavía a mis setenta años, me cuesta mucho trabajo. Respiro profundo y pienso: “Enderézate, Maya, tenemos que seguir adelante, con remo o sin remo”.

 Hay tres reglas básicas que aprendí y que intento aplicar en mis relaciones humanas: no tomar nada personal; cada cual es responsable de sus sentimientos y que todo lo que nos sucede es para nuestro bien, en otras palabras, que la vida es compasiva. He tratado de seguir ese camino de sabiduría, pero a veces se torna muy difícil: hay algunas situaciones que las tomo como personal, a veces me siento responsable de los sentimientos ajenos y llevo setenta años frustrada porque no puedo aceptar que la vida sea justa, especialmente cuando veo, desde mi punto de vista, tanta injusticia en el mundo y en mis seres queridos.

 Hoy, apenas transcurrido un mes luego de comenzado el 2014, sigo intentando reconocer que no necesito hacer míos los asuntos de mi familia para demostrarles mi lealtad y mi amor. Cada cual tiene derecho a sus propios problemas y el derecho a elegir cuándo, cómo y dónde solucionarlos. Puedo separar mis problemas de los demás y dejar que cada persona experimente las consecuencias de su propia conducta. Ser una persona considerada, compasiva, amorosa y cariñosa es una meta meritoria. Pero hacerme responsable de sus vidas no funciona; los lastimo  y me lastimo haciéndome sentir muy mal.

 Continúo con la machaca de que no tengo que analizar, juzgar o justificar el comportamiento de los demás ni sabotear mi felicidad, recordando que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. Leí en un libro, del que no recuerdo su título, que “la infelicidad es fácil, la felicidad hay que construirla”. Recuerdo también las palabras de un viejo amigo que me decía que no existen recetas para la felicidad. Porque, en primer lugar, no hay una sola, sino muchas felicidades y que cada cual debe construir la suya, que puede ser muy diferente a la de su vecino, a la mía. ¿Sabes por qué algunos insisten en que es muy difícil ser feliz? Porque nos resistimos a soltar las cosas que nos hacen infelices.

 De ahora en adelante me propongo creer que todas las circunstancias son transitorias. Que nada se mantiene igual, nada permanece estático. De qué manera cambie, es algo que depende de mí. Aquí concluyo otra historia de lo que marca el comienzo del 2014 para mí. No tengo control sobre los sucesos esenciales, aquellos que determinan el curso de la existencia, por lo mismo más vale que me relaje y continúe mi viaje remando y soltando en el río de las incertidumbres.

 Maya Valle es reconocida por sus ejecutorias en el campo radial y televisivo. Coach, conferenciante y columnista. No dejes de leer su nuevo libro, Una Nueva Piel. Un libro que cambiará tu vida. Lo puedes conseguir en la Librería AC, Santurce; K & L Books, Ave. Américo Miranda; La Tertulia, Viejo San Juan; Norberto González, Río Piedras; Costco; El Buen Café, Hatillo; Cuevas de Camuy Shop; Parador Vista Mar, Quebradillas; Centro natural Sarvodaya, Aibonito; farmacias; tiendas de productos naturales; Amazon y otros establecimientos. Para conferencias, talleres y más información favor llamar a Ana al (787)214-0024.

 

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