Sanando el Sistema Inmunológico

Los avances en las enfermedades autoinmunes traen esperanza a los pacientes

por April Thompson

Alrededor de 23 millones de estadounidenses sufren de una o más enfermedades autoinmunes, una categoría que abarca más de 80 afecciones, incluidas la fibromialgia, enfermedad de Hashimoto, psoriasis, artritis reumatoide y diabetes tipo 1. Estos trastornos perniciosos son muy difíciles de diagnosticar y mucho más difíciles de tratar. Los mismos pueden ser debilitantes, lo que disminuye la calidad de vida de los que lo padecen. 

Otro punto en común es la mayor prevalencia de estas enfermedades en las mujeres en comparación con los hombres. En el caso de lupus, por ejemplo, hay una diferencia de nueve veces. Algunos indicadores tempranos de que esto puede estar relacionado con “efectos en las dosis genéticas”, ya que los hombres con cromosomas XXY tienen el mismo riesgo de desarrollar lupus que las mujeres. Las mujeres con cromosomas XXX (conocidas en la jerga médica como “superwomen”) tienen un riesgo aún mayor de enfermedad autoinmune, según Judith James, presidenta del Programa de Artritis e Inmunología Clínica de la Fundación de Investigación Médica de Oklahoma, en la ciudad de Oklahoma.

Sin embargo, hay esperanza en el horizonte a medida que los descubrimientos científicos nos ofrecen importantes conocimientos sobre la manifestación y la progresión de las enfermedades autoinmunes, lo que conduce a nuevos tratamientos y consejos de prevención. También se están acumulando pruebas sobre el papel de la dieta y los estilos de vida lo que ofrece a los pacientes nuevas vías para hacerse cargo de su salud en lugar de limitarse a esperar una cura.

Las enfermedades autoinmunes son crónicas y pueden afectar casi cualquier parte del cuerpo, incluido: el corazón, el cerebro, los músculos, la piel, los ojos, las articulaciones, los pulmones, los riñones, las glándulas, el tracto digestivo y los vasos sanguíneos. Cada enfermedad tiene su propio conjunto de síntomas, pero la inflamación casi siempre está presente y todas están conectadas por la forma en que el sistema inmunitario ataca los tejidos sanos del cuerpo. “Esas características compartidas tienen el potencial de tratamientos compartidos y, en última instancia, de curas potencialmente comunes.”, dice Jane Buckner, presidenta de Benaroya Research Institute, en Virginia Mason (BRI), en Seattle, que trabaja en la predicción, prevención, revocación y cura de las enfermedades del sistema inmunitario.

“Estoy emocionada con nuestro progreso hacia la prevención. Estamos trabajando para entender los puntos de inflexión en la transición hacia la enfermedad que nos ayudan a ver quiénes están en mayor riesgo y nos ayudan a dar terapias muy dirigidas”, dice James.

Autosanación de la autoinmunidad 

A mediados de sus 20 años, Mickey Trescott, de Willamette Valley, Oregón, estaba postrada en una cama y había perdido su trabajo por una enfermedad autoinmune. En un momento dado, los médicos pensaron que se trataba de esclerosis múltiple. Estaba mareada, entumecida, se caía y arrastraba el habla. Finalmente, le diagnosticaron Hashimoto y enfermedad celíaca, que le afectaban la tiroides y el intestino delgado, respectivamente. Trescott, nutricionista, chef y autora del libro The Autoimmune Paleo Cookbook, ha sido vegana por 10 años, pero tenía la sensación de que su cuerpo necesitaba algo diferente. 

Trescott encontró una versión temprana de lo que se conocería como el protocolo autoinmune (PAI) y al seguir sus directrices comenzó a sentir alivio. Ella se conectó con otras mujeres para iniciar un grupo privado en Facebook y así compartir información sobre qué aspectos del protocolo mejoraban su enfermedad. El PAI, una dieta de eliminación que busca restablecer el sistema inmunitario al descartar los alimentos que causan inflamación y tratar al intestino permeable, tiene mucho en común con la dieta paleo que promueve alimentos ricos en vitaminas y nutrientes. Sin embargo, cada persona sale del proceso de PAI con una dieta personalizada.

Médico, sánese a si mismo 

Al igual que muchos médicos, Terry Wahls se concentró en el tratamiento de sus pacientes con medicamentos o procedimientos quirúrgicos, hasta que fue diagnosticada con esclerosis múltiple en el 2000. En tres años, a pesar de los tratamientos médicos convencionales, los músculos de su espalda y estómago se habían ido debilitando hasta el punto que necesitaba una silla de ruedas inclinable. Para el verano de 2007, ya no podía sentarse.

Aunque Wahls había sido vegetariana durante 20 años, con una dieta baja en grasas, volvió a comer carne y dejó los lácteos, el trigo y los granos, pero aún no mejoraba. Al profundizar en la ciencia de su enfermedad, Wahls se dio cuenta de que el apoyo mitocondrial era clave y la velocidad de su deterioro se redujo mientras tomaba un cóctel de vitaminas para apoyar su funcionamiento.

No fue hasta que adoptó un enfoque integral para optimizar todo lo que podía ingerir a través de sus alimentos, en lugar de depender de los suplementos, que empezó a ver resultados radicales. El aturdimiento debido a los medicamentos, la fatiga y el dolor desaparecieron. Por primera vez en seis años, pudo dar una vuelta a la manzana en bicicleta. “Tomando los nutrientes en forma de alimentos en lugar de suplementos se obtienen compuestos relacionados y miles otros en proporciones biológicamente anticipadas”, explica ella. “Todavía tomo algunos suplementos, pero la magia es la comida”.

Esos ingredientes clave, dice Wahls, incluyen: magnesio, zinc, selenio, azufre, aminoácidos, colesterol, omega-6 y omega-3, grasas, carnitina y creatina. Su regla general para la ingesta diaria es tres tazas de vegetales de hoja verde; tres tazas de vegetales sulfúricos como la col, los hongos y las cebollas; y tres tazas de vegetales con mucho pigmento, además de fuentes de proteínas para los carnívoros y los vegetarianos.

Aunque su trabajo no fue aceptado inicialmente, en la actualidad cuenta con el apoyo económico de la National MS Society y su investigación ha sido publicada en números revistas prestigiosas. “La ciencia básica está demostrando ahora que el microbioma tiene un enorme impacto en la actividad del sistema inmunitario y el cerebro. Los alimentos que comemos pueden activar y desactivar la expresión genética”, dice Wahls, que no ha tomado ningún tipo de medicamentos para su condición autoinmune desde 2008.

Buckner advierte que los pacientes no deben tratar de controlar la enfermedad solo con cambios en su estilo de vida, sin hacer un intento con los tratamientos alopáticos disponibles. “Las personas mejoran si se les trata de forma temprana y agresiva; dependen de menos medicamentos en el futuro y no tienen daños permanentes si buscan un tratamiento temprano”.       

Sin embargo, incluso los investigadores que se centran en los enfoques farmacéuticos reconocen la importancia de la dieta y el estilo de vida. Meggan Mackay, profesora de Medicina Molecular del Instituto Feinstein de Investigaciones Médicas, en Northwell Health, en Manhasset, Nueva York, cree que esto puede jugar un papel importante en el manejo de la enfermedad. Cita numerosos estudios que muestran que el ejercicio es algo positivo para aliviar la tensión y, por ende, en los resultados de la enfermedad; así como un estudio más específico que analiza los beneficios de agregar aceite de pescado y vitamina D a las dietas de los pacientes con lupus. “El aumento en la obesidad que se relaciona con el alza de la inflamación en Estados Unidos, puede ser una de las razones por las que estamos viendo más enfermedades autoinmunes que nunca”, dice Mackay.

James añade que las personas que están en riesgo deben ser conscientes de los factores que están bajo su control. “Si alguien está preocupado por las enfermedades autoinmunes que corren en su familia, monitorear y mantener los niveles adecuados de vitamina D y evitar el cigarrillo y otras conductas de alto riesgo puede ayudar a mejorar sus posibilidades”. Incluso los patrones de sueño pueden jugar un papel en la manifestación de la enfermedad, dice el ella.

Los enlaces comunes sirven como pistas de investigación 

Existen algunos vínculos claros entre las enfermedades autoinmunes como lo es la predisposición genética que se da en las familias. “Alguien con artritis reumatoide puede tener una hermana con enfermedad celíaca, por ejemplo, y una persona puede sufrir múltiples enfermedades autoinmunes. Podemos aprender de estos vínculos genéticos comunes”, dice Buckner. Estos pueden servir como pistas importantes. Por ejemplo, dice que pueden demostrar cambios en las células T en diabetes y en la esclerosis múltiple que son los mismos, lo que podría conducir a tratamientos comunes para las dos enfermedades.

Aunque el proceso que va del descubrimiento científico básico hasta el desarrollo de un tratamiento eficaz puede ser lento, hay algunos avances concretos que entusiasman a los investigadores en asuntos de la autoinmunidad, ya que han demostrado su capacidad para prevenir y retrasar las enfermedades. Un reciente ensayo clínico publicado en el New England Journal of Medicine menciona que, “Se ha demostrado en niños con alto riesgo de desarrollar diabetes tipo 1 la capacidad de retrasar su aparición durante al menos dos años. Es un hallazgo increíblemente emocionante”, dice Buckner.

Mackay tiene esperanza en los avances de la ciencia básica que abordan anormalidades específicas del sistema inmunitario relacionadas con problemas inflamatorios. “El lupus es muy difícil de diagnosticar y tratar porque puede afectar a todos los sistemas del cuerpo”, dice ella, cuyo equipo de investigación se ha concentrado en el lupus durante décadas. “Las únicas formas de tratamiento han sido los medicamentos inmunosupresores que apagan la respuesta autoinmune. Ninguno de estos medicamentos es específico, así que, al cerrar la respuesta inmune para tratar el lupus, a su vez interfiere con la capacidad del cuerpo para combatir las infecciones y el cáncer”. Hoy día los investigadores están perfeccionando las células individuales de las biopsias que indican qué proteínas son anormales y cuáles están ayudando a desarrollar terapias más selectivas, dice ella.

Ver el progreso en el laboratorio es una cosa; verlo en la sala de espera es otra, y ahí es donde los científicos y los clínicos del área de investigación sobre estas enfermedades están empezando a notar una diferencia. “He visto pacientes durante 25 años y cuando empezamos teníamos muy pocas opciones en mi clínica. La misma estaba llena de sillas de ruedas”, dice Buckner. “En los últimos 20 anos hemos visto una explosión en la investigación y en los tratamientos disponibles. Ya no tengo sillas de ruedas en mi consultorio”.

Comuníquese con la escritora independiente radicada en Washington, D.C, April Thompson en AprilWrites.com.

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