Mis Inolvidables 75

por Maya Valle

  por Maya Valle

Me encuentro en un momento de muchos cambios. Siento ilusión y siento miedo, pero aquí estoy.  A pesar de los momentos de incertidumbre que estamos viviendo en Puerto Rico y gran parte del mundo, yo soy de las que creo que la vida no nos hace víctimas de un sistema ineficiente, sino que nos reta a manifestar lo mejor de nosotros. Quiero ser lo mejor y dar lo mejor de mi. Aceptar mis retos. Siento que la felicidad no es solo un estado de ánimo sino que es una decisión. 

Para cuando ustedes lean este artículo habrá comenzado la primavera en Puerto Rico. Sin embargo, en los Estados Unidos están viviendo uno de los inviernos más terribles de su historia.  El cambio climático viene diciendo presente hace tiempo, nuestro planeta no aguanta más abuso. Algunos reconocen que este cambio es muy preocupante.  Otros no. Cada cual es dueño de su vida y hace con ella lo que entienda que es mejor.

Como no puedo ni me interesa cambiar a nadie, aprovecho este artículo para compartirles uno de los momentos más felices de mi vida…mis setenta y cinco años.

Leí estas palabras en noviembre del 2018 y desde entonces las grabé en mi corazón como una meditación cálida sobre mi familia y el amor:

“Hoy confieso que un beso de mis hijos, la sonrisa de mis nietos o una celebración familiar, produce más luces en mi vida que la más deslumbrante constelación de estrellas.”

Aún tengo grabada aquella sensación del veinticuatro de diciembre del 2018.  Fue justo el día cuando nos encontramos en nuestra casa, la que felizmente comparto hace diez años con Arturo, mi compañero de caminos, para celebrar mis setenta y cinco años. 

Después de varios atrasos, cambios de ruta, tormentas de nieve, hielo, lluvia y mucho, mucho frío, milagrosamente sus vuelos lograron aterrizar en Puerto Rico.  Llegaron a todas horas y procedentes de diferentes lugares, Michigan, Chicago,  Filadelfia, Boston y Florida.  Los viajes al aeropuerto fueron innumerables mientras el sentido del tiempo y el espacio desaparecía.

Arturo y yo adornamos la casa como si fuera las vitrina de Macy’s en Estados Unidos o de González Padín en el Viejo San Juan. La mano de Arturo en el patio se dejó sentir, convirtiendo lo que nos dejó María en un santuario.   El Río Piedras que pasa por detrás de la casa, se convierte en todos los ríos del mundo y los helechos retollaron las heridas de María.

El buffet de desayuno fue una combinación de un homenaje a Puerto Rico y un excelente trabajo en equipo.  Jugos y frutas naturales del país, almojábanas con la receta de mi madrina Isabel, huevos y pancakes a tu gusto.  Mayorcas de La Bombonera en el Viejo San Juan, panes artesanales y café arábico de las montañas de Adjuntas.  

Fueron llegando por separado mientras mi corazón reafirmaba su vibra en aquel instante.  No sabía si reír o llorar.  Por primera vez en muchos años mis hijos y nietos decidieron encontrarse en Puerto Rico para celebrar tan importante acontecimiento…  mis setenta y cinco años llena de salud, entusiasmo y alegría de vivir. Ese es uno de mis mayores deseos, vivir con pasión hasta el último de mis días porque, según mi historia, lo más temible de la vejez no es la soledad sino la dependencia.   Enamorada y agradecida al Universo por todos los regalos que recibo a diario.  Este es uno de los más preciados.

Fue un día de sorpresas, abrazos, risas, alegrías y preguntas.  De contar historias…de gran intimidad.  Atrás quedaría el sabotaje de algunas viejas y equivocadas emociones aunque reconozco que aún existen cosas en la profundidad de mi ser que me asustan.  En algunas ocasiones el miedo es inevitable, pero no puedo permitir que me paralice.  Nunca olvido la frase que siempre me decía mi abuela Provi cuando me levantaba por las noches llena de miedo “los demás tienen  más miedo que tú.” La vida se encargó de demostrarme la certeza de esas palabras.     

Somos una familia común.  Los enfrentamientos son muy raros entre nosotros, en parte porque nos llevamos muy bien sin proclamas sentimentales y en parte porque somos muy honestos los unos con los otros.  Además, partimos con buenos propósitos y suponemos que si hay ofensa es por error u omisión no por ánimo de herirnos.  Enfrentar mis emociones ha sido un reto inmenso, especialmente cuando reconozco que la vida de mis hijos es de ellos y son ellos los llamados a vivirla como quieran.  Cada uno es el protagonista de su propia leyenda y sus consecuencias.  Confío plenamente en ellos.

El resto de las Navidades disfrutamos de un ambiente festivo y tierno, de bullicio y parrandas y de muchas sorpresas.  Aunque no les niego que se me hizo difícil soltar los afectos cuando tuvieron que regresar.  Esa ha sido mi suerte, ninguno de mis hijos ni nietos vive cerca de mi y mi única hermana, Gloria, vive en Washington D.C.  Solo mi hermano Luis vive en PR.

Pero la vida continúa, no falta drama en la mía para escribir y estoy convencida que la vida siempre permite la felicidad, aún con sus contrastes malditos.  Siempre hay espacios para inventar y disfrutar.  Creo que la felicidad se encuentra en todas partes, a veces en los espacios que solemos pasar por alto.  Mientras construyo para mí un mundo nuevo, voy buscando abrirme paso en este, igual que los demás.

Maya Valle es reconocida por sus ejecutorias en el campo radial y televisivo.  Coach, conferenciante y columnista.   Para conferencias, talleres y más información, llamar a Ana al (787)214-0024.

Share
 

 
 
previous next
X