Escojo ser feliz

por Maya Valle

Maya Valle 2008

 

“Quizás no sepamos de dónde venimos ni a dónde vamos, ya parece un largo camino recorrido y aún más el que nos queda por recorrer. Construirse a sí mismo no es nada fácil, unas veces la senda parece un paseo por un vergel y otras solo conseguimos dar un paso tras un esfuerzo titánico y sin saber si ha merecido la pena tal sacrificio. Mas cuando damos el paso, este nos abre las puertas en que vemos el siguiente a dar, entonces la esperanza se convierte en algo real y tangible y podemos decir que sí, que todo el esfuerzo no ha sido en vano.” Anónimo

No había escogido el tema para la columna de este mes, en que se mezclan las planillas con las situaciones que estamos viviendo en estos momentos de tantos cambios, cuando recibí este mensaje por correo electrónico y me encendió la chispa del corazón. 

Son muchas las personas que están siendo empujadas por acontecimientos muy dolorosos y se les hace muy difícil creer que la vida es un regalo. En muchas ocasiones yo también lo he cuestionado. Sin embargo, la vida misma me ha convencido que es un regalo que nos ganamos “a pulso”. ¿Por qué? Porque cuando insisto en permanecer en ese estado de comodidad, reteniendo aquello que le da sentido a mi vida, donde todo va muy bien y me resisto a arriesgarme a dar un sa

lto hacia adelante, por miedo, la vida se ocupa de empujarme sin pedirme permiso. Es precisamente ese empujón el que me impulsa a escoger el camino a seguir. Puedo escoger la dejadez y permanecer lamentando lo ocurrido o puedo escoger crecer de la experiencia. En muchas ocasiones escogí crecer, pero en otras me revolqué en el miedo, lo cual me alargó el camino considerablemente. No importa, al final acepté mi responsabilidad y logré enamorar al miedo y arroparlo de amor para enfrentarme a una serie de posibilidades desconocidas para mí.  

Dentro del viaje hacia mis posibilidades decidí dejar de seguir golpeándome con mis pensamientos y palabras críticas y de continuar resolviéndoles a las personas situaciones que no me corresponden. Ha llegado el momento de ponerle fin al sufrimiento. La primera postura que decidí tomar contra el sufrimiento es comprometerme con la alegría. Siento que uno de los objetivos vitales de mi camino por la vida consiste en ser feliz la mayor parte del tiempo. Esto no es simplemente tener un pensamiento positivo o una falsa alegría que encubra el dolor. La verdadera felicidad es un recipiente lo bastante grande como para que uno se sienta enojado o triste sin necesidad de perturbar el contexto de la felicidad subyacente. Es estar de acuerdo con despejar las barreras que obstaculizan el sentir una felicidad profunda y duradera. En mi historia personal he descubierto que puedo ser feliz incluso en medio del temor o del recuerdo de una vieja pérdida y trato de recibir cada experiencia dolorosa que se produzca en mi vida como un regalo de aprendizaje. 

Una de las decisiones más radicales que tomamos Arturo y yo cuando decidimos vivir juntos fue elegir la felicidad y la armonía en nuestra relación. Ambos estábamos cansados de cargar sufrimientos y luchas estériles que no nos correspondían. Esta decisión significaba, ciertamente, dirigirnos hacia lo desconocido; por lo que sabíamos, nunca había sucedido nada igual en nuestras historias genéticas. Una vez que lo consideramos como una aventura apasionante, como un camino espiritual de lo más divertido, empezamos a saborear cada uno de sus desafíos y adversidades. Fue así como nos convencimos que la pura expresión de gozo se encuentra en el mismo centro de nosotros. Perseguimos la felicidad de una forma cotidiana. Cuando alcanzamos el punto más alto de una oleada de felicidad, solemos decirnos bien alto el uno al otro: “¡Soy feliz!”.

Nos hemos convencido que la vida funciona mucho mejor cuando nos comprometemos a vivir en oleadas de aprendizaje y aprecio, en lugar de hacerlo en contracciones de control. Este compromiso no interrumpirá algún que otro espasmo ocasional de control, pero nos permitirá saber que ese espacio no nos es agradable y nos damos el permiso de escoger otra vez. Al tomar la valerosa decisión de anteponer la armonía de la relación a tener razón, y al tomar esa decisión repetidas veces hasta convertirse en algo que se hace con naturalidad, el control de la situación se queda a cargo de la experiencia personal del amor de ambos. Me he convencido que las personas que logran mantener unas relaciones duraderas tienden a desarrollar una capacidad para desprenderse de la vinculación a sus propios puntos de vista. En otras palabras, aprendí a controlar la adicción universal a tener razón. Aprendí que había vida más allá de tener la razón.  Estábamos los dos tan apegados a demostrar que el otro estaba equivocado que aquello parecía un forcejeo en el que nos fuera la vida o la muerte. Qué alivio cuando descubrimos que era totalmente innecesario.   

Cuando las parejas abandonan su lucha por el poder y empiezan a afrontar los temas que cada uno de ellos necesita resolver, se convierten en verdaderos aliados y aprenden el uno del otro.  Uno de los aspectos más gratificantes de nuestra relación ha sido nuestra creatividad. Podemos realizar proyectos juntos y divertirnos mucho haciéndolo. Cada momento nos exige elegir entre el compromiso o la complacencia. Al habernos encontrado cotidianamente con la necesidad de tomar esa decisión, hemos aprendido algo valioso cada vez que hemos elegido el amor antes que el tener razón. Fue en esos momentos de ir más allá de la lucha de poder, de rendir la necesidad de tener razón a favor de la auténtica experiencia de la maravilla y del no saber, cuando sentimos por primera vez el calor claro, abierto y espacioso, la conexión con nuestro propio ser interior y el de nuestras personas queridas.

Maya Valle es reconocida por sus ejecutorias en el campo radial y televisivo. Coach, conferenciante y columnista. Procura su nuevo libro, Una Nueva Piel, un libro que cambiará tu vida. Escúchala los domingos a las 11am en su programa Atrevido y Noticioso, por Radio Isla 1320. Para conferencias, talleres y más información llamar a Ana al (787)214-0024.

 

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