El Corazón de una Mujer

Decisiones Correctas para Mantenerlo Fuerte

En algún momento entre la ensalada y el plato principal en el bar mitzvah de su nieto, Joyce Lenard, entonces de 69 años, sintió una presión terrible en lo profundo de su pecho. Una mujer dinámica, que había trabajado en la oficina del distrito de Hillary Clinton cuando era senadora de  Estados Unidos, crió a dos hijas y recientemente donó un riñón a una de ellas. Lenard había pasado meses planeando minuciosamente la gala de los 100 invitados, así que cuando llegó el dolor, lo ignoró y siguió adelante con la fiesta. Incluso, esa noche condujo hasta su casa de Long Island. “Simplemente asumí que estaba teniendo una mala disgetión y se me pasaría”, recuerda. 

Horas más tarde, su esposo la llevó apresuradamente al hospital, donde le diagnosticaron una forma rara y a menudo mortal de ataque cardíaco, la cardiomiopatía takotsubo, en la que el estrés intenso cambia literalmente la forma del corazón. Agradecida de estar viva, desde entonces ha comenzado a meditar, ha cambiado su dieta y ahora dirige a un grupo de apoyo para pacientes cardíacos de todas las edades. Como ella, muchos nunca lo vieron venir.

“Las mujeres tienden a ser cuidadoras”, dice Lenard. “Cuidamos de nuestros maridos, nuestras familia y profesiones y a menudo nos olvidamos de nuestra propia salud. Entonces mira lo que sucede”. Lenard está entre los 44 millones de mujeres estadounidenses con enfermedades cardiovasculares, una enfermedad insidiosa que hasta hace poco había sido erróneamente enmarcada como “una enfermedad del hombre”. En realidad, es la causa principal de muerte en las mujeres, responsable por una de cada tres muertes cada año según la Asociación Americana del Corazón. En comparación, una de cada seis mujeres muere de cáncer de seno.

Aunque la toma de conciencia ha aumentado desde 2004, cuando la Asociación Americana del Corazón lanzó su campaña Go Red for Women, las encuestas muestran que sólo el 17 por ciento de las mujeres considera que las enfermedades cardiovasculares son algo que debería preocuparles. Los expertos dicen que sí, porque entre el 80 y el 90 por ciento de los casos se pueden evitar con cambios en el estilo de vida y la dieta. En algunos casos, los remedios naturales pueden incluso revertirlas. “Tenemos todo este equipo sofisticado y todos estos medicamentos, pero cuando se trata de eso, la gran mayoría de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse”, dice la cardióloga integradora Christina Adams, M.D., del Scripps Women’s Heart Center, en La Jolla, California. 

Conozca los Retos y Enfréntelos con Anticipación

A finales de la década de los 90, los investigadores descubrieron que las mujeres eran casi igual de propensas como los hombres de ser diagnosticadas con la enfermedad, y mucho más propensas a morir a causa de ella. “No tenían los signos ni los síntomas clásicos, por lo tanto a menudo pasaban sin ser diagnosticadas y tratadas”, explica Jennifer Mieres, M.D., cardióloga y profesora en Zucker School of Medicine en Hofstra/Northwell, en Nueva York.

Junto con el dolor en el pecho, las mujeres a menudo sufren fatiga, falta de aliento, indigestión, dolor en el cuello, espalda o mandíbula, náuseas o ansiedad en los meses previos a un ataque cardíaco. En más de la mitad de los casos, según un estudio reciente de la revista Circulation, los médicos no reconocen estos síntomas. 

Entonces existe el factor “ahora no”. “Solía ver mujeres todo el tiempo que decían: ‘He tenido esos síntomas por meses, pero no tenía tiempo para ocuparme de ellos’”, dice Mieres, coautora de Heart Smart for Women: Six S.T.E.P.S. in Six Weeks to Heart-Healthy Living. 

Investigaciones recientes también han demostrado que las mujeres son especialmente vulnerables para desarrollar una enfermedad cardiaca en formas que los hombres no comparten. Tomar píldoras anticonceptivas (especialmente mientras se fuma) puede aumentar el riesgo. Las complicaciones durante el embarazo, como la preeclampsia y la diabetes gestacional, pueden ser graves para el corazón, lo que aumenta la vulnerabilidad en los años venideros. Debido a que se cree que el estrógeno es cardioprotector, cuando disminuye durante la perimenopausia y la menopausia, el riesgo aumenta nuevamente.

“En cuanto llegamos a la menopausia, nuestro entorno biológico comienza a cambiar”, dice Mieres, señalando que el colesterol “bueno” tiende a disminuir y el colesterol “malo” (LDL) y los triglicéridos tienden a aumentar. Sin embargo, la placa arterial, que en última instancia puede acumularse, desprenderse y causar un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular, comienza a acumularse tan pronto como a los 20 años de edad, por lo que cuanto antes empiecen las mujeres a prestar atención, mejor. 

Alimentos No Medicina

Treinta años después de que el primer medicamento para reducir el colesterol llegara al mercado, los llamados medicamentos con estatinas se han convertido en la clase de medicamentos más grande del mundo, con ventas en Estados Unidos duplicándose entre el 2000 y 2010 para alcanzar los 20,000 millones de dólares, según la Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención de la Salud de Estados Unidos. Aunque los medicamentos pueden ser apropiados para las personas a las que ya se les ha diagnosticado una enfermedad cardíaca y que están en alto riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular, no están exentos de efectos secundarios graves. Las estatinas pueden causar dolor muscular crónico, pérdida de memoria y aumento del azúcar en la sangre, mientras que los medicamentos para la hipertensión pueden precipitar desmayos y daño renal.

Los cardiólogos integradores dicen que hay otra forma para muchos pacientes. Desafortunadamente, la mayor parte de la orientación sobre la prevención se enfoca en los medicamentos recetados, dice Stephen Devries, M.D., director ejecutivo del Instituto Gaples para la Cardiología Integrativa, en Chicago. “Lo que a menudo se pierde en la discusión son los cambios en la dieta, que pueden ser igualmente importantes”. 

Devries recomienda la Dieta Mediterránea basada en plantas —baja en grasas saturadas que se encuentran en las carnes procesadas y el queso— y alta en vegetales de hoja verde, granos integrales y que se encuentra en los pescados grasos, el aceite de oliva y los aguacates. También alimentos en específico han demostrado disminuir el colesterol y la presión arterial:

Las Nueces, incluidos los ‘walnuts’, maníes y almendras, se ha demostrado que reducen el LDL. Un estudio de 2017 de 77,000 enfermeras, publicado en el Journal of the American College of Cardiology, encontró que las que comían maní o nueces de árbol (incluyendo almendras y ‘cashews’) dos o más veces por semana tenían un riesgo 19 por ciento menor de desarrollar enfermedad cardiaca. Los que comían nueces una vez a la semana redujeron el riesgo en 23 por ciento.

Las frutas de color violeta oscuro y rojo contienen compuestos llamados antocianinas que aumentan la producción de óxido nítrico y, a su vez, expanden los vasos sanguíneos, mejorando la circulación. Otro estudio reciente, publicado en la revista Circulation, dio seguimiento a 94,000 mujeres durante 18 años y encontró que aquellas que comían cuatro porciones o más a la semana de arándanos y fresas eran un tercio menos propensas a tener un ataque cardiaco.

Las granadas también son clave para la salud del corazón, con investigaciones recientes publicadas en la revista Clinical Nutrition que muestran que una porción diaria de jugo puede hacer que las plaquetas sean menos pegajosas, disminuir la presión arterial y reducir la formación de placa.

Los vegetales de hoja verde como la col rizada y el broccoli —los que son ricos en vitamina K— juegan un papel importante en fomentar una estructura saludable del corazón, ya que cada porción semanal reduce el riesgo de enfermedad cardiaca en 23 por ciento, según informa el Instituto Gaples.

Apoyar el Corazón Emocional

Ninguna discusión sobre la salud cardiaca estaría completa sin un énfasis en la salud social y emocional, un factor de riesgo crítico que hasta hace poco ha estado ausente en gran medida, dice, Sandeep Jauhar, M.D., director del Programa de Insuficiencia Cardiaca del Centro Médico Judío de Long Island, y autor del nuevo libro Heart: A History.

Pero la investigación muestra que el corazón emocional también puede llevar a un ‘corazón roto’, como en el caso de Lenard. Con hasta el 90 por ciento de los incidentes que ocurren en las mujeres, la afección que la llevó a la sala de emergencias, a menudo aparece en pacientes que no presentan signos de obstrucción de los vasos sanguíneos o colesterol alto. Más bien, factores como las preocupaciones financieras, el estrés laboral o la muerte o ruptura con un ser querido pueden inundar el corazón con hormonas de estrés, cambiando su forma a una que se asemeja a una olla japonesa llamada takotsubo y debilitándolo profundamente. “Sorprendentemente, en muchos casos, una vez que el estado emocional regresa a la normalidad, también lo hace el corazón”, dice Jauhar. 

Se ha demostrado que el estrés emocional a largo plazo conduce a la agregación plaquetaria, o pegajosidad en la sangre, que puede afectar el flujo sanguíneo. Además, el bombardeo constante de hormonas de estrés como la adrenalina y el cortisol puede dañar las paredes internas de los vasos sanguíneos, aumentando la acumulación de placa. 

Para nutrir el corazón metafórico, los cardiólogos integradores recomiendan tomar tiempo para mantener relaciones personales saludables y minimizar el estrés laboral. Además, el ejercicio de cinco a seis días a la semana durante al menos 30 minutos y la práctica de actividades como la meditación de atención plena o el yoga han demostrado que disminuyen la frecuencia cardíaca. Un estudio reciente publicado en la revista Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, evaluó a 201 personas con cardiopatía coronaria; encontró que los que practicaban la meditación eran 50 por ciento menos propensos a morir o a sufrir un ataque cardiaco o accidente cerebrovascular en el lapso de cinco años. 

También puede ser importante encontrar espacios tranquilos a los que retirarse. Un estudio publicado en noviembre por investigadores del Hospital General de Massachusetts, en Boston, encontró que vivir y trabajar en ambientes crónicamente ruidosos puede aumentar el riesgo de problemas cardiacos. También es aconsejable darle prioridad al sueño (al menos siete horas por noche), porque la falta del mismo puede inflamar las arterias.

La conclusión es que lo mejor es tener un enfoque holístico, dice Jauhar. “Si quiere vivir una vida larga, no fume, coma bien y haga ejercicio, pero también preste atención a la calidad de sus relaciones y a su capacidad para resistir el estrés y trascender la angustia. Esos son también una cuestión de vida o muerte”

Lisa Marshall es escritora independiente sobre temas de salud, en Boulder, CO. Comuníquese en LisaAnnMarshall.com.

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