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Por qué el calentamiento del planeta está afectando nuestra salud

Isaac, el hijo de Samantha Ahdoot, tenía 9 años cuando se desplomó a causa del calor mientras tocaba clarinete en el campamento de la banda. Había sido un verano caluroso luego de un invierno suave. A principios de la primavera, la Dra. Adhoot, pediatra en Alexandria, Virginia, ya había observado una serie de casos inusuales: un niño pequeño había contraído la enfermedad de Lyme en lo que ya era una región libre de garrapatas, al norte de Maine; una adolescente sufrió un ataque de asma en febrero, un mes completo antes de usualmente comenzar a tomar los medicamentos para la alergia; una estudiante de primaria, desplazada, de fuera de la ciudad, llegó traumatizada después de huir con su familia de un hogar devastado por un huracán. Pero no fue hasta que ella vio a su hijo acostado en una camilla en la sala de emergencia con un suero en el brazo, que comenzó a atar los cabos.

“Era consciente de que el clima había cambiado mucho desde que yo era pequeña. Pero realmente no me había dado cuenta hasta que el cambio climático podía afectar mi salud y la de mis hijos”, recuerda Ahdoot. “Me di cuenta que sería una traición a mi deber como pediatra el sentarme y no hacer nada al respecto”.

Alerta sobre el cuidado de la salud

Ahdoot, ahora una activista vocal del cambio climático, está entre un creciente número de profesionales de la salud que han comenzado a replantearse el cambio climático, no como una preocupación para otros lugares o el futuro sino como un problema apremiante de salud pública en Estados Unidos, en la actualidad. En una encuesta reciente en la que participaron 1,200 alergistas, 48 por ciento dijo que el cambio climático ya está afectando a sus pacientes en una “gran medida” o en una “cantidad moderada”. En otra encuesta a especialistas de los pulmones, 77 por ciento dijo que veían que los síntomas de los pacientes se agravaban debido al empeoramiento de la calidad del aire relacionada al clima.

En una amplia revisión publicada el pasado octubre en la revista médica The Lancet, un equipo de profesionales de salud proclamó que los síntomas humanos del cambio climático son “inequívocos y potencialmente irreversibles”, señalando que desde el año 2000, el número de personas en Estados Unidos expuestas a las olas de calor ha aumentado cerca de 14.5 millones y el número de desastres naturales ha aumentado en un 46 por ciento.

Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos también han comenzado a han comenzado a participar en la Iniciativa de Estados y Ciudades Preparados para el Clima para ayudar a los departamentos de salud locales a prepararse para todo, desde la peligrosa calidad del aire asociada con más incendios forestales hasta la propagación de enfermedades transmitidas por vectores como Zika y el virus del Nilo Occidental, a medida que se expande el alcance y la temporada de mosquitos y garrapatas.

Mientras tanto, grupos como el recién formado Consorcio de la Sociedad Médica sobre el Clima y la Salud, al que pertenece Ahdoot, están siendo proactivos. Si los médicos están haciendo que sus consultorios apoyen el ambiente, cambiando los autos por bicicletas, autobuses o compartiendo sus autos, presionando a los legisladores y animando a sus pacientes a tomar medidas para evitar que el problema empeore. En el proceso, dicen, podrían mejorar su propia salud.

“Queremos que el público entienda que el cambio climático no es solo sobre los osos polares o glaciares en retroceso en el Ártico, sino también sobre nuestros hijos y nuestra salud aquí y ahora”, dices Ahdoot.

 

Problemas de la fauna y la flora

Durante el siglo pasado, las temperaturas promedio han aumentado entre 1.3 y 1.9 grados Fahrenheit, con aumentos anuales que se han acelerado en los últimos años como en el 2012, 2015, 2016 y 2017, todos estableciendo récords de calor ambiental. Este aumento de las temperaturas, combinado con el aumento en la lluvia y los niveles récord de dióxido de carbono atmosférico, pueden tener un impacto significativo en las plantas —tanto las que nos molestan como las que nos nutren.

Las plantas salvajes que inducen alergias, como la ambrosía y la hiedra venenosa, están floreciendo. La hiedra venenosa está creciendo más rápido, más grande y más tóxica a medida que el exceso de carbono la impulsa a producir más del compuesto que induce la erupción, el, urushiol.

Mientras tanto, los insectos tienen estaciones más largas y áreas más amplias para reproducirse. La capacidad de los mosquitos de transmitir la fiebre del dengue —la enfermedad transmitida por mosquitos de más rápido crecimiento en el mundo— ha aumentado en un 11 por ciento desde 1950, más de la mitad desde 1990, según el informe de la revista Lancet. Además, la garrapata portadora de la enfermedad de Lyme está ahora presente en el 46 por ciento de los condados, en comparación con el 30 por ciento en 1998. “Mis colegas médicos solían tratar dos o tres casos en un mes durante la temporada de la garrapata”, dice el Dr. Nitin Damle. “Ahora cada uno de nosotros ve de 40 a 50 casos nuevos en cada estación”.

Contaminación por calor

El aumento del calor también puede agravar las condiciones pulmonares debido a que promueve la producción de ozono, un importante irritante pulmonar. El calor prolongado, a menudo, produce incendios forestales. Los investigadores han descubierto que los residentes de los condados afectados por el humo mostraron un aumento de un 50 por ciento en idas a la sala de emergencia debido a enfermedades respiratorias.

Al igual que Isaac, más niños terminan en los hospitales debido al aumento de las temperaturas, con visitas a las salas de emergencia por enfermedades producidas por el calor en un aumento de un 133 por ciento entre 1997 y 2006. Ahdoot recuerda a un joven jugador de futbol de Arkansas que mostró señales de debilidad y fatiga durante una práctica, pero que no fue tratado de inmediato. Terminó con una insolación, fallo renal y edema pulmonar, y finalmente requirió diálisis renal. “Ahora cada verano, veo los impactos en los niños del aumento de la temperatura y de las olas de calor”, dice.

El cambio climático también puede afectar la salud mental, según una revisión reciente de la Asociación Americana de Psicología. La exposición a desastres naturales puede llevar a las personas a padecer del trastorno de estrés postraumático. Además, según instituciones de investigación como la Universidad de California en San Diego y la Universidad Estatal de Iowa, el calor crónico, especialmente por la noche, puede interferir con el sueño e incluso conducir a conductas agresivas.

Entonces, existe la preocupación de qué hacer al respecto y si será suficiente. “Cuando hablamos con las personas sobre lo que los afecta, el clima es, definitivamente, una de las cosas que los estresa”, dice Thomas Doherty, Psy.D., psicólogo en Portland, Oregón. “Hay una sensación de misterio e impotencia a su alrededor que pesa sobre las personas”. 

Una perspectiva fresca, una nueva esperanza

Mona Sarfaty, médico de familia, ahora directora del Consorcio de la Sociedad Médica sobre el Clima y la Salud, atestigua que el 69 por ciento de los estadounidenses son conscientes de que el cambio climático está ocurriendo y más de la mitad concuerda que las actividades de los humanos son las culpables, al menos en parte. Pero solo un tercio cree que podría perjudicarlos personalmente. “Gran parte de la atención inicial se centró en el retroceso de los glaciares y los pingüinos”, dice ella. “Hoy, las persona todavía piensan que afectará a ‘a las gentes de allá’, pero no a ellos”.

Está de acuerdo con el reciente enfoque sobre temas de salud inminentes y se siente alentada por el hecho de que un número creciente de profesionales de salud piensan que es su obligación informar a los pacientes sobre el cambio climático para movilizarse a la acción.

“Cuando se habla de cambio climático, no solo en términos del impacto que tienen en la salud de las personas y las familias, sino también en términos de los beneficios en tiempo real de tomar medidas contra esto, las personas están mucho más interesadas en hacer algo”, dice Sarfaty.

Por ejemplo, el cambio a fuentes de energía limpia como eólica y solar en lugar de carbón, puede tener un efecto en la calidad del aire y poder respirar mejor. El correr bicicleta o caminar al trabajo en lugar de conducir puede reducir las emisiones de carbono, aumentar las sustancias químicas que hacen que el cerebro se sienta bien y mantener el peso bajo control. Escribir cartas a los editores o asistir a mítines que piden a los legisladores aprobar políticas buenas para el clima, no solo pueden alejar la ansiedad y la depresión que conlleva sentirse indefenso, sino también producir un cambio real.

Ahdoot está dando estos pasos ahora. Tiene paneles solares en su techo, está ayudando al hospital local a reducir su huella de carbono, usa la transportación pública para ir al trabajo y anima a sus hijos a caminar siempre que sea posible. “No me siento impotente en absoluto. Me siento empoderada y optimista”, dice. “Cuanto más sabemos, más nos movemos a actuar. También podemos hacer algo pequeño cada día para proteger nuestro clima”.

 

 

 

 

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