No Hacer Nada

En este mundo acelerado en el que el trabajo nunca termina, es muy difícil sacar tiempo para no hacer nada. Sin embargo, cuando frenamos el impulso obsesivo de los estadounidenses, descubrimos una nueva productividad, creatividad y satisfacción.

“Tenemos las condiciones sociales necesaria para enorgullecernos por los logros y por los éxito, peros cuando nos retiramos un poco, nos damos cuenta que no hacer nada produce algo valioso también, especialmente una salud mental mejorada” dice Colleen Long, psicóloga de Boston y autora de Happiness in B.A.L.A.N.C.E: What We Know Now About Happiness.

Los italianos lo llaman la dolce far niente, o la dulzura de no hacer nada, mientras que los holandeses utilizan la palabra niksen que se traduce como “haciendo algo sin un propósito”. Estos algunos consejos para reclamar el arte de ser por el hacer.

Crear un ritual de “no hacer nada”. Reserve un tiempo especial y hágalo saber. Puede comenzar en la mañana o desconectarse por la noche. Quizás podría ser meditar por uno minutos o disfrutar de un poco de aromaterapia, dondequiera que el corazón lo lleve.

Relajase en el momento. Reconozca los sentimientos de culpa cuando surjan, pero no los tenga en cuenta. Se necesita tiempo para deshacerse la programación mental y aprender a callar la voz que insiste: ”¡No te quedes ahí parado, haz algo!”

No hacer nada conscientemente. No se trata de vegetar con actividades pasivas como ver televisión o cotejar el correo electrónico. Es un tiempo para revivir nuestros sentidos y entornos, ya sea escuchando música o mirando a la gente, libres de distracciones de llamadas telefónicas o pensamientos ansiosos.

Hacer algo está bien. El objetivo es dejar de lado la compulsión de eliminar asuntos de la lista de cosas por hacer —pero eso no significa quedarse en blanco mirando para el espacio. Estos son momentos con propósito sin propósito específico. Haga garabatos en un cuaderno, camine por el vecindario o acuéstese en la grama a mirar las nubes. Fluya con la corriente, espontáneamente.

No hay una sola forma o manera correcta de no hacer nada. “Con solo sacar el tiempo, usted obtendrá un beneficio incluso si siente que no lo está haciendo bien o perfectamente”, aconseja Long. No es igual para todo el mundo, somos diferentes. “Antes de tener a mis hijos, mi ‘tiempo de no hacer nada’ podía ser estar en la naturaleza o sencillamente hacer una cosa a la vez de forma consciente, como fregar. Ahora incorporo del principio de tiempo con la familia. Un día a la semana, apago el teléfono, me tiro en el piso con mis hijos y dejo que la vida se desordene”.

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